26 marzo, 2008

en blanco

Hoy, hubiera preferido aquel aeropuerto en el que estuve esperando, mientras los vuelos recorrían las pantallas y los pájaros se morían de envidia, o aquel banco donde el océano se agarraba a nuestros pies mientras quemábamos piedra; pero, tu casa, cada vez esta más lejos de la mía…

… lo sé porque en el patio que se atisba tras las cortinas, la hierba crece al calor de un manto blanco y se refugian, entre los trastos acumulados por la rutina que invade las vidas de mi escalera, un par de bicicletas, como esas que postergan las arrugas en la piel de las señoras y silencian esta ciudad, a la par que disipan el perfume a gasolina. Por los billares que, al otro lado del barrio, se hunden en la acera, como se hunden las trincheras cuando las balas violentan el silbido del viento y por los bares derramados en mi calle, huérfanos de tragaperras. Aquí, los aviones que gambetean el inmaculado horizonte vertical son navajazos a la calma y, las canciones que se escapan de mi habitación, una botella encinta del papel que amanta mi voz y que se pierde en la corriente…del trajín de los coches en el que se perdían mis ojos, sólo quedan acuses de recibo en forma de luces de neón y postales que desertan como lienzos esfumatos burlándose de mi retina….tú casa, cada vez esta más lejos de la mía; y lo sé porque no escribo, no camino al amanecer y, por las noches, destruyo las fotografías que construyo por el día.

16 septiembre, 2007

Tráfico

Duró lo que un trémulo suspiro a los pies del escenario…lo que dura el fulgor de una estrella cuando surca el firmamento a toda velocidad o lo que vale la vida de un caramelo en manos de un niño; pero yo, como un suicida que al borde del abismo se deja seducir por el viento, lancé mis últimos aviones de papel contra la brisa del mar y, de repente, un hálito de claridad invadió la terminal del aeropuerto para pájaros de metal sobre el que aterrizo cuando se me apagan las luces; más tarde, te escribí tres versos, compré aquel libro de cuentos y te conté que, como nosotros, la luna y el sol, para no enamorarse, sólo pueden verse un instante. Y fue ya de vuelta a casa, cuando confundía el asfalto con el lienzo negro del cielo, cuando detuve el coche en el puente más alto de la autopista y arrojé todas mis llaves hacia el murmullo del agua; fue ahí cuando decidí pegar la vuelta…

…así que, hoy, por más que acaricie la aldaba de tu puerta o mi voz susurre a tu oído a través del portero automático, echa el cerrojo, cierra las ventanas y baja las persianas; hoy no me dejes pasar, vengo para quemar tus billetes, para acariciarte el pelo con la yema de los dedos mientras destrozo a patadas tus maletas; vengo para romper tus planes a pedradas; hoy voy a ser egoísta, no quiero perderte de vista…


...siento estos robos decentes, pero es que este dibujete...lo vi y me puse a escribir, te lo juro...

08 septiembre, 2007

En paz

Me equivoqué…pensé que este podría ser un buen lugar para girar los ciento ochenta grados que debería girar o, al menos, para volver por cada uno de los pasos que he dado últimamente pero, apenas he salido de casa desde el día que llegué. Una vez más, actúo de la peor de las maneras y, así, encontrar alguien capaz de acelerar las manijas del reloj que cuelga de la pared es hoy todavía más difícil que hace un par de semanas; además, el otro tiempo, el del clima, tampoco echa una mano, desde mi cuarto veo pasar cada mañana a decenas de autobuses urbanos con los cristales velados por el vaho. El resto del tráfico, sin embargo, en esta época del año, hace por bajar la voz y, a medida que van pasando las horas, el rugir de los coches se desvanece en favor del zumbido del viento, el silencio se hace más y más intenso y, sólo a veces, por las tardes, cuando algunos rayos de sol logran colarse a través del blanco telón que dibujan las nubes, sobre el asfalto de la calle, como recién salidos de la nada, aparecen bicicletas, perros y peatones que observo a modo de amargo entretenimiento; entonces, la ventana no es más que el límite de un gran tablero de ajedrez y yo, una torre cogiendo de la mano al rey…

…y sé que la culpa no es de esta ciudad; he aprendido que uno siempre vuelve por sus fueros, que dentro de mi arden los cimientos de un juzgado de paz y, puerta con puerta, viven dos polos opuestos. En uno quiero ser Clark Gable pero, enfrente, me visto del hombre que casi conoció a Michi Panero. Así que hoy, toca dormir en dónde las noches no son más que un imán para el insomnio, la cocina una sala de urgencias y, al otro lado del tabique que acaricia la cama, está pintado el centro de mis círculos viciosos. Aquí, acostumbro a recostarme hasta que, en mitad de la oscuridad, sólo quedamos despiertos yo y el pálpito del contestador; avisa que no hay ya sitio para tantos mensajes de voz, para tantas cuentas pendientes o abandonos al pie del altar. En septiembre, ahora me acuerdo, nunca levanto el teléfono, su timbre agudo me recuerda a la campana de los combates que perdí a los puntos…

…la última vez, entre los dos, apenas intercambiamos un par de frases, quizás para no dejar opción a que se despertara el llanto y, a continuación, como si al otro extremo de la línea telefónica un auricular incandescente repitiese mis palabras, colgó sin despedirse. Cuatro días más tarde, mientras un sacerdote oficiaba las sacras apariencias, decenas de trajes negros relucían bajo el tenue maquillaje que se colaba por las vidrieras de colores y, aquellas manos curtidas pero frías, recibían las caricias del incienso mezclado con un dulce aroma a flores; sentí como mi cuerpo se entumecía al ver miles de fotogramas corriendo por la inmaculada pared que se levantaba ante mi retina. Pasado el tiempo, lo recuerdo como un póstumo homenaje improvisado en el que no derramamos ni una sola lágrima. Meses antes, en pleno invierno, un temblor de voz se afanaba en convencerme de que ya no quedaba lugar en el que albergar esperanzas y que, llamaba tarde porque, poco a poco, la distancia se había convertido en algo mucho peor que estar lejos. A través de largos silencios trataba de explicarme cómo un día abrió los ojos y, a lo lejos, se vio a si misma consumiéndose bajo la claridad de las cosas que no tienen marcha atrás; de repente, los kilómetros de autopista que tantas veces se habían disfrazado de papel de regalo para envolver el verano sólo serían un placebo para mi conciencia, una excusa para poder dejarla con la casa a cuestas o una coartada, dijo, que no estaba dispuesta a comprobar. Espurio empate técnico entre la soledad y la tristeza, entre la verdad y la hora de la verdad, pensé yo; como si a partir de aquel preciso instante, cada punto suspensivo fuese sólo el tercio de un punto final, un anuncio de lo que va a pasar…

…y ha pasado casi un año; es curioso, pero ahora entiendo que para mi, si fue mejor así; al menos, a él, le recordaré abanderando el mástil más grande que jamás hayáis visto, tocándole –seguro- los cojones al cielo, supongo que como un aviso o declaración de intenciones…

21 agosto, 2007

...¿cuándo vas a venir otra vez por aqui?...

…agosto, pero el cielo salpica de tristeza el parabrisas, los gatos hallan cobijo bajo la negra techumbre que les proporcionan los coches y un viento huracanado despeina la copa de los árboles que viven al borde de la carretera; calle abajo, los dos tipos que ayer miraban la carta de un contenedor de basura tienden sus mantas al calor alógeno de un cartel de zara mientras, desde este otro lado de la ventana –qué hijoputa-, mis ojos se afanan en proyectar tenues rayos de luz que se mueren contra el asfalto mojado. De puertas para adentro, mi piel se marchita como se marchitan las rosas de un centro de flores, las maletas que viajaron conmigo descansan todavía en una esquina de aquella habitación de hotel, permanecen dormidas tal cual las dejé el día que el sol pegó la vuelta para esconderse tras un horizonte encapotado y, me imagino esta ciudad como aquella otra ciudad, como un pañuelo en el que me pierdo para poder encontrarnos otra vez; ahora, desde aquí, ya no se atisban espejos en el techo ni se esconde un trocito de océano al otro lado de la cama y, sólo acierto a esperar sobre un escenario dónde los flashes iluminan un mostrador en el que exhibo papeles aterciopelados por la suave yema de sus dedos, mensajes perfumados por el dulce aroma de su corazón inmaculado; me pregunto cómo pude una tarde no querer volverla a ver y, sin embargo, a la sombra del teléfono, guardo una minerva, escondo unas gafas de sol en la guantera y, en la cartera, dos canciones en honor al desamor…pero cada uno estuvo tan cerca de los dos que, desde que he vuelto a este extremo de la autopista, paso las horas mirando fijamente los rincones por donde se pasearon sus manos, amenazo a las manijas del reloj y golpeo mi orgullo contra el quicio de la puerta; reservé una mesa del bar para quemar las noches mientras observo el firmamento hasta que llega el alba, vigilando como si fuera a llevarse la luna debajo del brazo y, al regresar a casa, un ordenador vuelve a ser la boca de una salida tan frágil como el fanal bajo el que guardé el recuerdo de su rostro…

…yo sólo quería escurrirme sentado en una escalera, llegar a donde los barcos duermen abrazados por el mar…y ahora me muero por volverte a ver…


…pues hoy…hoy era un buen día. Gracias por el enlace, estoy deseando que salga el disco de una puta vez…

07 junio, 2007

Dormido

...escribí escuchando la canción del video...yo, prefiero leer el texto mientras eddie vedder canta todo lo que le gustaría ser...

Nunca…nadie vio como cruzaba los dedos cuando enfilaba la calle pero, lo hacía cada vez que atravesaba el umbral de casa; depositaba en los nudillos la esperanza de encontrar un lugar donde pudiera esconderme bajo una cama sin que me aplastase la pena, un rincón para comer tranquilo las regalices que había robado en el kiosco de enfrente o una habitación oscura con paredes acolchadas en las que podría apoyar mi espalda sudada; me acostumbré, cuando era todavía un niño, a los días en que me invade la tristeza por dentro, las noches en las que se agarrotan los músculos pero, por contra, se vuelve flácida la piel y el mundo es una autopista en la que las cosas siguen pasando a toda velocidad; madrugadas en las que mi calendario interior se muere de fiebre y enciende una hoguera con las hojas caducas que se pudren en el suelo del salón …no tengo explicación pero, a diario, y al menos una vez, me siento perdido en el lugar en el que estoy, un extraño entre otros muchos que son como yo y, me invade el cansancio húmedo que cala hasta los huesos; a veces, me levanto y sólo busco una sombra en el desierto…aquello, sin embargo, era nuevo; mi corazón latía, pero sonaba como un bidón vacío recogiendo las gotas que se cuelan por los rotos del tejado y, las mañanas de esta ciudad en la que vivo eran una jaula para grillos, la avenida era un enjambre de almas secas que se ahogaban nadando en el asfalto; la escuela, manda carajo, un clavo ardiendo…

Nunca…jamás estuve tan triste…me acordé ayer de todo esto, cuando reconocí una nariz entre la gente que atestaba las terrazas de los bares y pensé que, quizás, sería mejor aparcar en el armario el disfraz de extraño, ofrecerle la mano de una vez y proponer un baile, los tres primeros pasos de un viaje sin destino, mapas, ni billetes de vuelta; antes, lo recuerdo, hubiera dejado sobre la almohada un número al que llamar por si pasaban los meses y algún ingenuo nos echaba de menos, una dirección en la que buscarnos para cuando el resplandor de las llamas asustase a los bomberos; hoy, sin embargo, tengo miedo de levantarme una mañana y no saber por donde tengo que tirar para volver, me aterra levantarme y encontrarme a un cualquiera en el espejo…pero, antes, ella hubiera sido un rayo, yo un trueno…

… un día, esperando a que un fantasma volviese, a que abriera la puerta, soñé despierto; soñé que las calles se llenaban de acróbatas, molinos de viento, funámbulos y trapecistas; en el pueblo, las viejas volvían a romperse las caderas sólo por negar la evidencia y, montaña abajo, una pareja de dos, harta de jugar al juego del salmón, caminaba sobre el agua con las manos entrelazadas, dejaban sus pisadas en el manto de vapor aterciopelado que se extiende sobre el río cuando llega el alba; soñé con un ejército de valientes que disparaba instrumentos de viento capaces de atravesar el silbido de las balas y, el orzán no era atenas pero, soñé que griegos y persas celebraban con cerveza el maratón…había rubias esperándome en la playa y un camino de piedras para poder llegar al medio del océano bailando los tangos de gardel; las farolas eran palmeras y, mi coche, un cascarón de nuez… las emisoras gastaban sólo vinilos de miles, de bird y de john y, los blogs eran señales de vida, cartas de amor; yo era un canción que se colaba en vuestras casas por la red…

…soñé que tengo un socio con el que pinto las casitas de colores, que inventamos un mundo que empieza en hierba del verde mis ojos y se acaba en un cielo azul como los suyos…soñé, también, que nunca lo tuvimos tan ganado…

...dibujos robados a Mrb...

02 junio, 2007

Autómata

…es siempre la misma historia, reaparece la sinestesia, la velocidad de la luz se apodera de mi cabeza y acabo realmente cansado; mi cerebro se vuelve escuálido por dentro pero, aún así, mis demonios detienen el tiempo y lo rodean con virulencia, hay cientos de mariposas con alas rojas planeando sobre mi y cortan el aire como si agitasen cuchillas de afeitar; es como mi propio cuento del doctor Jekyll y Mr Hyde, una caja del diablo de la que salgo siempre corriendo a cualquier otro lugar…ahora, entre mis manos, se consumen las únicas caricias que reparto con los labios, me divierto buscando mi reflejo en el agua y resoplo con la esperanza de vencer la fuerza con la que me ensordecen las olas; esta noche quiero convertirme en espuma, asociarme yo también con la luna y brillar sobre este fondo negro donde sólo se distinguen las huellas de los barcos que se van a faenar…sueño, mientras escribo estas líneas, con una lengua de aire caliente que se acerca sigilosamente por la espalda y me acaricia el cuello; estoy convencido de que, cuando mis palabras se las haya llevado el viento o la humedad del tiempo haya derramado la tinta de este papel cuadriculado, mi alma seguirá luciendo sus tatuajes; cuando no queden restos de este cielo cristalino que se está cayendo a pedazos, seguirán abiertas las farmacias dónde venden las redes con las que intento atrapar las estrellas…

…ahora ya da igual, ya puedo contarlo en voz alta; mientras a mi alrededor se mueren las sombras que se empeñaban en tapiar las puertas por las que me quería escapar, un nuevo huracán crece dentro de mi, se levanta como una mujer con lengua bífida pero vestida de sol, como un monstruo de siete cabezas que dejó los cuernos y las diademas para otra ocasión; ahora, cada segundo que pasa, pasa más rápido que el anterior y, sin embargo, la luz que no parpadea en el contestador es un halo de soledad que penetra por cada poro de mi piel, que se cuela en mi armario aprovechando los ojales de las camisas con las que no me quiero disfrazar; la claridad del alba convierte a mis ojos en los vidrios de una ventana con rejas desde la que veo pasar los coches, las viejas, los niños de papá; lo juro, y lo siento, pero mi corazón se asfixia durmiendo en un bloque de cemento…

…me voy; mis pies descalzos caminan sobre cenizas; he quemado las campanas que repicaban cada noche en mi almohada y, sobre los asientos del coche, construí un trono con vistas al amanecer para cuando me decida a querer, un altar a imagen y semejanza del que tallé cuando dejé varados los caballos a dos palmos del abismo, sobre un acantilado desde el que se veía, al otro lado del mar, el horizonte maquillado por las luces de neón de la ciudad; a estas horas, en las que mis párpados son ya persianas de plomo que sólo ven pasar las horas del reloj, todavía se pasean ante mi los alegatos en los que juro no volver a repetir la misma canción , prometo nunca más quemar mi piel contra una botella o a dejar mis marcas sobre las paredes de una habitación en la que no duermen mis papeles…

…me largo…no escribo más…me puede el dolor de cabeza….

20 mayo, 2007

Carta abierta

Han pasado cienes de lunes vestidos de azul y miles de martes disfrazados del hombre del traje gris, y sin embargo, parece que fue ayer; tus manos suaves, las mismas que segundos antes recorrían con delicadeza mi rostro o jugaban con los remolinos de mi pelo, le dieron la última vuelta a la llave y yo, desde el otro lado de la puerta, sólo fui capaz de retener el sonido que producían tus zapatos tiritando en cada peldaño de la escalera; en aquel preciso instante, las ráfagas de aire dejaron de correr por los pasillos del apartamento, las motas de polvo que inundaban las estancias de mi casa se posaron, de repente, en los listones del suelo y, a través de la ventana sobre la que descansaban las yemas de mis dedos, empezaron a fugarse todas las palabras que quise decirte en directo, pero que sólo acerté a escribir en un papel que guardé con el resto de mis sentimientos; oculto dentro de aquel tipo erguido, pude ver como los días de luz se asfixiaban en cortinas de seda y tus fotografías hollaban los anaqueles en los que dormirían los libros que ahora nos separaban, pude sentir como tu sombra permanecía escondida en el sótano de mi cama abrazando cada una de las caricias que nos dimos en el piso de arriba o como nuestros fantasmas negaban todavía y, se repartían la almohada; sólo recuerdo que, a mi espalda, y salvando aquel telón de madera, tus ojos se despidieron de mi por última vez…

Afuera, bajo un cielo gris a punto de romper a llorar, los niños sorteaban con sus monopatines las prisas de la gente, los coches cruzaban raudos la ciudad como si fueran las balas de un duelo de pistoleros que nos habían dejado a nosotros en medio y, los escaparates de los comercios multiplicaban el parpadeo de los intermitentes de un taxi sobre el que, al igual que un estanque al que hubiese despertado a pedradas, proyecté nuestros encuentros en miles de círculos concéntricos que pintaban el horizonte de azafrán , que aceleraban el paso lento las nubes…mis recuerdos viajaban en un monovolumen que llenó su maletero sin más equipaje que aquella débil sonrisa que duró lo que dura un paso de cebra y, por primera vez, las calles se convirtieron en andenes de estación en los que esperé viendo pasar mi vida como un espectador, aguardando un autobús que me devolviese a cuando éramos críos y, atrincherados en la platea, fusilábamos con palomitas de maíz al regidor; viendo la estela que dejaban los aviones en los que viajamos cuando tu mundo y mi mundo eran el mismo escenario de cartón, una isla a la que regresé cuando hablamos por teléfono como quien se mira a un espejo.

Desde allí, sé que no has podido ver como, últimamente, he adornado las aceras con pañuelos de papel, o como, cada viernes, recordé las veces que vimos pasar los trenes, las veces que soñamos con que, cualquier día, llegaría nuestro vagón adornado con estrellas de charol, confundiría su rastro de vapor con la niebla, haría sonar su sirena y los puentes que atravesaban la ciudad se arrodillarían para poder fugarnos mientras dejábamos trocitos de golosina en el agua; lo sé, desde allí sólo has podido recordar, de vez en cuando, aquellos corazones en llamas que nos dedicábamos a sofocar con notitas por debajo de la mesa, con aquellas cartas que decidimos nunca más volver a escribir o con los allanamientos en los que seguíamos los pasos que nos dictaban las páginas de nuestro libro blanco…yo aquí, imagínate, sigo escondido detrás de los dos dirigibles verdes que tan bien sabías manejar y, de un tiempo a esta parte, he vuelto a vivir como cuando nos saludaban los porteros, las putas y los camellos ; yo aquí, como tú en Madrid, sigo buscando la plaza del corregidor

…si has seguido mis pistas, si has llegado hasta aquí, es que sigues siendo igual de lista ;)…y para que veas que estoy en buenas manos, tuve que repartir tu canción con más gente...

12 mayo, 2007

Vámonos

Hoy, he vuelto a despertarme envuelto en mis restos, bajo una manta de terciopelo y espinas. Hace un par de horas, cuando llegué, los rayos de sol calentaban ya mi almohada y, sobre el escritorio, se pudrían las páginas vacías del manual compartido que nunca me atreví a escribir, aquel en el que guardaría versos robados , las fotografías que ahora llevo escondidas en la cartera y un plano donde pinté los lugares en los que podrían buscar mis huellas cuando huyese dejando sólo unas sábanas húmedas y enmarañadas; esta vez, cuando abrí los ojos la claridad se colaba a través de las cortinas, viajaba en canciones que se fugaban de la radio del vecino y, en la calle, una ventisca volteaba panfletos y bolsas de plástico, levantaba ánimos y faldas de colores…

No lo dudes, aquella –otra- vez, hubiera preferido abandonar mi refugio antiaéreo y bajarme del ascensor de tiempo que he construido en el jardín de mi casa; sacar del armario mis alas de cera y fugarme a ciegas de estas cuatro paredes que solamente me engañan, que parecen enrocarse para que corra el aire que no corre fuera, crezcan las flores y mis lagrimas se pierdan en el rocío que baña la hierba por la mañanas; me hubiera gustado ver tu coche, galopar como un poseso detrás de tu reflejo para volver luego caminando cuando se hiciese la noche, a la velocidad con la que discurren las semanas en las que desconecto el teléfono, cierro las puertas por dentro y tiro las llaves por la ventana; sin embargo, acabo siempre por aferrarme a esos combates que siempre gano a los puntos, esos en los que soy yo el que le cruza la cara al tiempo…cuando el invierno es un ocupa que duerme a los pies de mi cama, soy feliz ordenando los estantes que han olvidado arrancarme del pecho; juego a recorrer pentagramas o papeles sucios llenos de dibujos, a traducir los borrones que pinto en cuartillas con bordes desgarrados y, predico sólo por el ejemplo, me siento en la orilla del colchón para recitar los mismos versos que ayer recibían a la muerte con los brazos abiertos; cuando el corazón me amenaza, agacho la cabeza y, si me falta el aire, entono un vámonos al que no acude nadie, al que sólo responde ese eco que reconozco porque es capaz de helarme las entrañas…

Aunque nadie lo entiende, hubo días en los que me quedaba dormido apoyando la frente sobre las piedras de la cerca en la que tantas veces nos besamos a escondidas y, soñaba con estar allí mismo, con que apretaba sus manos y su aliento me enseñaba a bailar todas esas canciones sin letra que todavía hoy resuenan en mi cabeza…lo siento, pero, a veces, sólo quiero recostarme sobre las piedras saladas que se ven al otro lado de la playa y dejarme llevar por la fuerza del viento, ser como esas cometas que pasean los niños por la arena y recogen sus padres cuando éstos se han cansado de ellas, dormir sobre una acera y ver como caen del cielo las estrellas…quizás tengas razón; debería de haberte explicado cuanto valen en mi mundo los silencios, las pupilas dilatadas, las sonrisas apagadas o las yemas de los dedos borrando los dos álveos que tengo dibujados en la cara; tenía que haberte contado antes que, dónde yo vivo, las recetas que me das no valen nada y que las tormentas siempre se amparan en la oscuridad de la madrugada; y, quizás también, debí decirte que, aquí, tampoco existen los hombres del tiempo…

14 abril, 2007

Manga por hombro

...ya sabeis, para leer dadle al play...

…antes, cuando salía corriendo a buscarla y cruzaba la calle sin haber traspasado el portal de mi casa, acostumbraba a viajar colgado de su mano, a cerrar los ojos y levantar en mi cabeza terminales para aviones de papel, como aquellos que se arrastraban por debajo de la puerta y aterrizaban cada viernes en un buzón oxidado por las gélidas cartas del banco; cuando yo era gainsbourg y ella birkin, los relicarios suspiraban por la humedad con la que engalanamos cienes de habitaciones de hotel, ansiaban la vehemencia con la que sorteamos a los martirologios, a las cartucheras de la razón o al domador de demonios que más de una vez quise ser...antes, los rayos del sol se colaban a través de los cristales para dorar cada rincón de su piel y, mientras las motas de polvo bailaban bajo la luz de los flashes, quemábamos los cajones donde mi corazón guardaba sus silicios y cámaras oscuras…

…y todo para que, una tarde, ese tipo obsesionado con ahuyentar plañideras ataviando mi pellejo con plumas de colores, derribase la puerta que dejaste entreabierta; desempolvó vinilos con voces rotas y púas que arañaban la pared, apuraba las noches en las que el viento se colaba por las heridas que sus clavos pintaron en las palmas de mi cama, rellenaba mis zapatos con folios macerados por letras de la pólvora que guardo en los labios con los que tantas veces la besé; recitaba versos, padres nuestros, peroratas para alérgicos, amnésicos, casquivanos, seres más o menos humanos …pero hace tiempo; hoy ya no cubro los alféizar con jarrones de cartón, no riego aquellas plantas que sembré sobre las fotografías que por falta de valor no quemé, no me duermo en los vagones del metro, no pinto líneas que se cruzan en ángulos muertos, no se me marchitan las flores…

…ahora, de aquellas mañanas en las que el frío invadía cada esquina de mi cuerpo como si alguien le hubiese regalado un mapa de mis venas, sólo me queda una cicatriz en el pecho colocada por riguroso orden alfabético…he vuelto, de luctuosos paseos sobre el bordillo de la acera, de reordenar miles de estantes que se pudrirán con el tiempo y de vivir de soslayo al horizonte; vengo de reservar mi muerte para una insolación…apenas recuerdo a que huelen los acordes que decoran la avenida o a que saben las ráfagas de aire que hilvanan cada rincón de esta ciudad. He quemado mi armario, el mismo que tiempo atrás miraba con deseo las braguitas que barnizaban las marcas que mis pies dejaban en el suelo pero que, anteayer ya no podía acoger más ropa limpia; en la guantera del coche, se asfixian los placebos que reservaba para enterrar con música las carreteras donde el eco acartonaba mis asientos de cuero…cultivo silencios contra el ruido, pinto casas con ceras de acuarela, descorcho botellas negras, vivo en viernes y reciclo lunes por la tarde…

… y, de nuevo, he derramado una canción en cada calle; hice un traje con las sábanas del hospital y vendo caricias de papel en los semáforos dónde se detiene angelyne; empaño espejos para emborronarlos con las yemas de sus dedos desde el día que la vi y, regateo a las farolas que me acompañan cada noche a seducirla con caramelos de fresa…sé que tu motel era el savoy y mis maletas un almacén donde ya no cabían los poemas que aquella noche escribí, sé que detrás de las puertas de aquel ascensor la gente esperaba vistiendo unas gafas de sol y sé que dejarás la llave puesta, la ventana abierta…aquel tipo que vino, como vino se fue, y yo, manga por hombro; pero he vuelto…


...y no estaba muerto; estaba tomando cañas... (los manolos)

05 marzo, 2007

Balas de hielo

La ciudad se despide de la luna con dos besos; mientras, los kioscos todavía están cerrados, los pájaros se agavillan sobre los brazos de las grúas y los taxis ya no inundan las calles como hace un par de horas; avanzo saltando de charco en charco, con el pelo enmarañado aún por la gomina, contemplando las huellas que dejó el salitre sobre el suelo, advirtiendo como medran las arrugas en los bancos de piedra; las pisadas efímeras de un par de corredores de fondo, el zumbido de los disparos de un sedal y el murmullo de las olas muriéndose en la orilla silencian los gemidos que vierte un soportal hastiado de acopiar culos de vaso, puzzles de vidrio, revolcones de estómago y cajetillas de tabaco…atrás quedan la sonrisa prohibida de aquella camarera, las bolas de luz, los excesos quebrando las caderas, los guantes a juego con la gabardina, un albero en la playa, caricias tan amargas como las tardes de estos últimos días.

Como no era capaz de contener la herida, de abrir los ojos o de contar por los dedos, quemé los billetes de ida, los botes de gel, las fotografías, las llaves de aquella habitación del hotel que nunca llegué a estrenar; estampé botellas vacías contra el pasado, contra persianas bajadas de par en par, contra los vagones del tren de mercancías. Aún tengo en la retina la imagen de un armario repleto de mil razones para no perder y, sin embargo, hace un tiempo, decidí llegar puntualmente cada mañana con la ropa bañada en sudor, hierba y tequila. Mis pies viajan empapados de arena, los rotos de pantalón están cansados de arrastrase por los bares y las camisas cuentan lamparones de ceniza, estelas de hilo que serpentean por donde antes reinaban los botones; mis venas se vislumbran detrás de la piel de unos brazos que las contienen a duras penas…es la enésima vez que, tendido, escucho contar hasta diez…

Al llegar, dejé caer las manos sobre su sombra raída en el volante, agaché la cabeza y, en los pedales, acuné las zarpas que envainaba en esas botas sucias que maquillan mi estatura; miré a través de los cristales y serené a las pupilas convenciéndolas de que, tal vez, crecería alguna flor sobre la acera; encendí de golpe el motor del coche, abandoné el paseo a la misma velocidad con la que los ojos le habían recordado el sabor salado a mis labios; crucé los dedos en cada curva abierta al mar, en cada cruce de caminos que atravesé sin mirar, recé cada vez que las ruedas gastadas deslizaban mi vida sobre los raíles del tranvía; aquella pareja de ancianos llamó directamente a los bomberos, cuando me vieron pasar con un incendio en el asiento trasero, y, en un control rutinario, la policía descubrió en mi maletero decenas de recuerdos amordazados por los pies…gasté gasolina para salir corriendo, para huir del que alguna vez se ahogaba en mis penas...

El reproductor de cedés dispara balas de hielo repasando las canciones del kid; hace un rato, las ventanillas se tiraron en marcha al ver el camino empinado y, ahora, son las puertas las que lastran las alas de la brisa. No sé si calcular cuantas azoteas se ven desde aquí arriba, descubrir cuantas habitaciones a oscuras esconden a un tipo mirando tras las cortinas, repasar cuantas veces palpitan los corazones que pasan los domingos en ámbar…en las noticias de ayer avisaban que un eclipse iba a dejarnos a oscuras, así que, me aferré a las cuerdas de una guitarra; engañé, una vez más, a los instrumentos de viento que guardo en un cajón de mi cómoda, disfracé de mujer los versos que iba a poner en un papel…por esta vez, voy a irme a casa a encerrarme entre las sábanas, a dormir bajo la claridad del día…pero no paren el combate todavía

24 febrero, 2007

La sangre al río

En mi casa, al fondo del pasillo y detrás de unas puertas de madera que se confunden con las del armario, guardo la carcoma que supuran mis hemorragias internas; en cada baldosa que piso, limpio las marcas de caucho que dejan mis zapatos, para olvidarme de que todavía existe un camino de vuelta, en la nevera acumulo miles de manzanas para las noches que me afano en tirarme de cabeza al pecado original.

Una carpa de plástico, al otro lado del puente, recoge acordes de orquesta y tropezones disfrazados de bailes de salón…sospecho que las gotas de lluvia golpean con violencia un manto de agua bajo el que se esconde nuestra esquina de la playa; habrán arreglado la farola que aquella noche amordazamos a pedradas y, a estas horas, sólo quedarán abiertos los escotes de las camareras. Allí, el paseo llega a dónde los jóvenes aparcan en batería para levantar sus castillos de arena mientras los viejos gambetean a la edad y a la rutina; aquí, el viento transporta el ruido de sables y el olor a pólvora mojada, la ciudad se consume entre bombillas de feria y neones obsesionados con luchar contra la oscuridad del invierno; la niebla deja su rastro blanco para recordar que una cicatriz de agua nos atraviesa a todos el pecho.

Llevo un par de días con la cara pegada a la ventana, dejando marcas de aliento en los cristales que se evaporan cansadas ya de ver como las miro; cuento cuantos valientes salen a la calle sin paraguas, oteo utilitarios, berlinas y coches usados; fumo hierba y bebo por la botella. Sigo echando las cosas a la cara de ese tipo que me amenaza al otro lado del espejo y, en la comisaría que se ve tras ese bloque de edificios, los carteles apuntan con bala hacia un soñador empecinado. He dejado una nota malintencionada colgada en la nevera, una carta abierta en tu lista de la compra, un mensaje en clave en los anuncios por palabras…hoy todavía recuerdo una mañana que harto de esperarte en aquel banco del parque, doblé una esquina de tu barrio para regarte las plantas, como hacía cada vez que me despertaba y no estabas robando mi trozo de almohada.

Todavía no he podido remediarlo; ahora me subo a los urbanos cuando viajan semivacíos, busco bares en los que dejarme la misma piel que antes quemaban sus labios, vuelvo a casa en el mismo coche que tenía cuando era yo el que caminaba con los libros bajo el brazo; he aprendido que los periódicos están llenos de columnas y noticias de opinión, los comercios de trastiendas para dependientas que despachan vicios de ocasión, los apartamentos de soltero de escaleras de emergencia, las farmacias de recetas para el corazón. Anteayer, mientras una soga al cuello acariciaba mi cabello, yo buscaba entre la gente el mechón que más se pareciese a cualquiera de los de tu pelo, zapatillas pijas y de colores como las que llevas, una capucha que me anime a contar los lunares de su espalda…un par de noches antes había jurado que nunca más serían mis dedos los que dibujarían círculos concéntricos a tu ombligo, había soñado con calentar las manos en la primera hoguera o apagar con gasolina el primer peligro de incendio…me quedan las carreras desternillantes, los regates a la razón, los estériles excesos,.

… pero aquí, como en la canción, hay demasiados aspirantes al título de campeón de tontarrón como para llevarlo yo de calle, demasiados garitos que no entienden de cenas a dos velas, demasiadas borrachas que también compran la ropa, el tinte y las braguitas en Zara; hay demasiada sangre en el mundo como para ahogarme yo en mis babas…así que no llegará…

12 febrero, 2007

Telón de fondo...

…el mando a distancia brinca, desde los cuentos de hadas con barbitúricos a los cortometrajes de teletienda, la jukebox se lleva la música otra parte y me apuñala con afilados versos de joaquín; en los estantes se pudre el colirio de labios, el brillo de ojos, mi carné de donante; no distingo cicatrices, ni las huellas que dejan los puntos de sutura, me quedan las marcas del día que me hice un torniquete en el pecho. Tengo los párpados abiertos, de puertas para fuera, los ojos perdidos, las pupilas volcadas al horizonte; la mirada clavada hacia dentro. Tengo, más vértigo bajando que cuando subíamos al cuarto sin tocar ni un ascensor ni una escalera; que cuando acumulaba multas de apareamiento, tácticas de libro para segundas jugadas, postales a dúo desde la Habana; ahora me besan con labios callados hasta los huesos, y mis arterias, en huelga de hambre, son el reflejo que proyecta mi corazón en el espejo… buscaba un báculo entre mis cosas, entre los discos de antes, entre el recuerdo de aquellos latidos que se acallaban con mis mejores caricias…

… recordé que la ducha se ahoga en sus babas cada vez que se evaporan las mías, y las camisas, huyen escamadas, se deslizan a través de las ranuras por las que respira el armario; un sidecar acumula polvo en cada esquina de la cama, las sábanas son las que recogen ahora el sudor y las lágrimas. Recordé que, a veces, solía poner letra a los lamentos que componían mis entrañas, al mismo desconsuelo húmedo que hoy me pudre los pulmones; pero esta vez mi mesa está llena de lápices perplejos, de aspirinas, de la sana intención de las pastillas y la rosa de los vientos…recordé que bajo el tornasol que dejaban las llamas en mi piel su perfume me atravesaba el cuerpo ocupando todos los carriles de mis venas…

…buscaba un báculo en el papel, contar ovejas con las palabras, o que salga el sol de madrugada…y no encuentro más que ventanas a punto de anunciar un nuevo asalto…mañana escribo, hoy…hoy no me apetece…

05 febrero, 2007

Intemerata

Es mi astigmatismo sumado a un ojo vago; o quizás la neurosis, las migrañas, el trastorno límite… hace un par de horas roncaba el penúltimo camión de la basura mientras en el estar Charlotte Rampling enardecía a Dirk Bogarde, al canal público y a cienes de mis vestigios concupiscentes que, al igual que la razón, no claudican ante los apocopes del sueño; ya no escupo versos paroxítonos, sombras ambiguas bajo el flexo o trazos con ceras para críos; la nevera es una advertencia concomitante con los restos del fregadero, con la gaveta donde guardo mis papeles, con la cómoda, con la cartera. En la calle, las luces de neón actúan de olifante para insomnes que se abandonan al insomnio, las aceras son un cadalso venéreo para concubinas que insensibilizan su punto g, para alcohólicos anónimos pero alérgicos a las terapias...el desvelo conduce siempre hacia la misma esquina…

…me propongo dejar de hacerte promesas que no quisiera tener que cumplir. He aparcado aquella mesa imbuida por la tristeza de un aplique sujeto en la pared, mi cara apócrifa para embozar arrugas internas, la ventana del bar vigilando la rotonda del paseo; de repente, una cafetera en tregua agrava mis vicios y la barra convierte al camarero en un estafermo con el que intercambio mensajes estériles. Entre columnas de acero y pasillos henchidos de soledad resuenan los avisos para la próxima salida; a mi lado, tras una blazer con lamparones, el desamparo se agarra a un vaso ardiendo. En el bolsillo guardo un cuaderno, una caja de cerillas aún por estrenar y dos lápices de colores con los que esperaba pintarte una sonrisa en los ojos…escribí aquella postal porque sabía que los periódicos tardarían un par de copas en llegar…

… no se jugar a dos bandas y el río atraviesa la ciudad incluso bajo la clandestinidad de la noche, así que evito el resplandor de las farolas, las aceras con papeleras y árboles frutales, las avenidas que rasgan el barrio donde empezamos esta partida de damas; me oculto sobre el asiento del coche mientras un hálito de brisa inunda el hábitat de aquellos jóvenes en celo. He anotado las veces que amanecí rastreando nuestras huellas y todavía me atormenta el callejón que se ve desde su ventana, la misma en la que ahora intuyo el ajuar que tiempo atrás se confundía con mis armarios. Anteayer separé los folios que mandaré a un orfanato para estúpidos y casquivanos, junto con los reproches que ya por entonces me parecían meras tormentas de arena…hoy he vuelto al hash, a las papelinas, a los implantes de resentimiento, a los llantos acartonados…al botox para el corazón…

…escucho todavía los impactos de lluvia sobre el parabrisas, recuerdo el sudor que me inundaba la cara, la mezcla de asfalto goma y gasolina; pero he olvidado el olor del ferrocarril, los bancos sucios de la estación, los vasos asépticos de plástico, el trasbordo a vagones de tercera edad…no soy distinto al resto, cometo sus mismos errores, además de los míos; y prefiero no dormir a levantarme cansado por soñar contigo. Los de esta vez, son los últimos quiebros, la intemerata, las últimas palabras que no te digo, los últimos besos que se quedan conmigo…

28 enero, 2007

Retirada

…estoy leyendo “Carta breve para un largo adiós” de Peter Handke…de ahi este texto y los parecidos con un fragmento en concreto…queda dicho, y asi me ahorro el poner en cursiva media frase por aquí y otra media por allí…


…luz piramidal, hoy me amenazan algunas facturas recientes; donde antes colgaban estampitas de judas se acomodan papeles con el cuchillo entre los dientes. El teléfono descansa en la mesilla, al lado de mi cama y bajo el amparo del vidrio de un velux; sólo descuelgo si los rayos del sol le ciegan la pantalla… “si, ya se que es martes, ¿qué quieres?; no, además te avisé que no llamaras a estas horas; nos vemos allí y hablamos…ya se lo que dije”…los albornoces me contagian su ataxia, así que me despierto con el frío que paso en el trayecto de mi cuarto a la cocina, la cafeína es sólo condición sine qua non; me desperezo mientras resbalan por una ventana los signos líquidos de la humedad y me parece –lo se- que hace tres semanas que no duermo; algún día tuve los dedos largos, enfundados en una vaina tersa; falanges ágiles para manos rápidas …pienso en marcar su número para decirle que no me espere, que no bajo, que lo cancelen…a cambio escribo –mi carta breve-.

… estoy seguro; no recuerdas el nombre del último hotel, el timbre de la voz en off que nos desveló, el color de las cortinas que acallaban el tráfico de la hora punta; pero esta vez, yo tampoco...quizás se deba a que tuviste demasiado pronto una profesión con un horario fijo de trabajo,y mientras, yo adornaba la muñeca con un calendario de bolsillo; pero en realidad, estoy seguro, no tienes ningún sentido del tiempo. Incluso tu sentido de la orientación es para volverse loco: cuando cruzas la calle para ir a otra casa dices que bajas, cuando hace rato que estamos delante de nuestra casa, el coche sigue estando fuera para ti, y cuando bajas a la ciudad, subes a la ciudad sólo porque la carretera va hacia el norte…a mi me importan menos los mapas, y más los viajes…

…he dejado encima de la almohada dos últimas canciones. Entre mis cosas podrás encontrar algunos folios emborronados en los que intentaba, últimamente, plagiar las letras que algún día me enseñaste a escribir; y un manual de solfeo, creo que con él vino el final. Sobre un posavasos y bajo una botella vacía de tequila he abandonado los recibos, las cartas por impago; haz, si quieres, como siempre; que todo el mundo sepa quien sutura mis heridas. Es en la penumbra del estuche charro donde guardo los desgarros, los susurros de las cuerdas, un dedal y una cota de malla; y lo llevo conmigo. Recito cada palabra reproduciendo fielmente los silencios que las separaron, mirándome al espejo e imitando cada gesto…ahora, reconozco que mi exagerado sentido del tiempo es un obstáculo…

…me voy, y sin más. Miento si canto a la manera tex mex, no dejo que me abandones…

23 enero, 2007

Avión en tierra

...Tú dicta, y yo escribo lo que me parezca...

Hacía días que no pegaba papelitos de colores en la mesilla, que no atravesaba la piel de corcho que dibuja un reloj de arena en la pared de mi cuarto, que no buscaba en los cajones de la cómoda algún ticket de los conciertos a los que fuimos a susurrarle al pianista; no quería parejas de baile para celebrar mis disparates, cómplices ingenuos de mis dislates. La última vez, un par de estrellas de metal atravesaron la bruma, le bajé la falda a cada una de las puertas del coche y cruzamos la ciudad a veinte canciones por hora; la penúltima, me senté delante de dos pupilas tan negras y tan grandes que acabé saltando como un niño sobre el charco que dejaban los suspiros de mis venas, puse mis caricias en un folio y me largué…

…duermo, sin embargo, con los dos párpados abiertos, mirando al techo, al resplandor de los anuncios que manchan el cielo atezado por la luna…

…y quizás no seas más que un recuerdo que me inventé, una flor de primavera para mi desierto en el pecho, o tal vez, una hoja en blanco para mis manos, ávidas de versos que escribir…quizás; sólo existes en el banco que revela el horizonte mientras me salpican los golpes del mar, y en el que pinto los crepúsculos de mis excesos; en esa piedra donde las orejas quieren ser caracolas, los pies un termómetro para el corazón, la madrugada pone una venda en los ojos y cuento las olas paseando la yema de los dedos por una alfombra aterciopelada de espuma…quizás no seas más que el viento que me peina las pestañas, ese rayo de luz que viene y va o un sentimiento para la próxima vez que regrese allí…no quiero poner más zancadillas verdes, pero vuelvo cada día…

… a buscar bares que no huelan a portazos en la cara, a esperarte exhausto de luchar contra el cansancio. Ahora sabes que me persiguen, que zabordé mis alas contra la arena húmeda de la playa y por eso me escondo para no cruzarme conmigo; acribillo a balazos mi cuévano de errores, y mis zapatillas, herradas desde el día que me pusieron a los pies de los caballos, resbalan por las calles, traquetean contra los adoquines como dientes que se mueren de frío… aprendiste que no guardo los ases en la manga, que me temen las ruletas rusas y que los gatos saltan del tejado cada vez que doblo la esquina…que se marchitan los cañamones de letras que planté sobre las hojas del páramo que cuidaban mis entrañas…

…me levanté a las afueras del pueblo y con mis labios en llamas, calado todavía por los besos de verdad, con la frente empapada por latidos hartos de fumar en plata…volveré cuando se aplasten contra mi cabeza las primeras gotas, cuando aparquen las dudas en la mesa de oficina, cuando apile en el armario miles de camisetas, cuando compre fruta y me acuerde de ti…y sin pedir permiso para aterrizar…

15 enero, 2007

Papel Mojado

No he vuelto a tener noticias de los servilleteros de aquel bar, de los mensajes con miles de caracteres o de postales pintadas con las fotografías que robé cuando me asomaba a la terraza...sobre la mesa descansan folios en blanco en forma de aviones de papel, graciosas plumas de un loro, los restos de mi naufragio en un mar de café. Los lápices no quieren ser de colores y las gomas sólo borran historias escritas con rescoldos de inocencia adolescente…un día duermo sobre la lona y al siguiente detesto mi disfraz de sparring; unas mañanas la ausencia del sol me quema la piel, otras trazo un plan de fuga sobre un espejo velado por el vaho; es inútil que juegue a ser pájaro si anido en los filos de navaja, en los cables pelados que chispean con la lluvia, en los balcones de las tiendas del barrio…

…cada vez que atravieso esas puertas de emergencia cambio la espuma que se adhiere a los bordes de porcelana por otra empeñada en evaporar las huellas que dejo por las noches, cuando me fugo para correr sobre la arena; camino a oscuras por las calles, esquivo las hojas de vidrio que inundan las aceras, que quiebran mi retrato desfigurado por la niebla. El salitre asalta mis pulmones galopando sobre ráfagas de brisa, las rocas son parches de piel para que jueguen las baquetas húmedas del océano, y los figurantes marineros en tierra con manos tersas que te acarician la nuca, que espolean a tus venas con golpes firmes en el pecho…

…cada vez que se apagan las luces afino el oído de mis ojos y observo escondido tras el ruido y los focos…todavía no he recibido respuesta a los anuncios por palabras que publiqué en aquella gaceta de donceles, pero combato a mis plañideras izando las velas cuando no sopla el viento, comprando avellanas en otra tienda, secando los frutos de los cerezos que veía a través de los cristales sucios del tren de cercanías…quemé los bancos de madera que se oxidaban en el parque…

…y sigo bufándole a nubes negras y aterciopeladas que se cuelan por debajo de la puerta de mi cuarto. Abrigándome con los versos que nunca he escrito, con los veranos en enero, con tres tickets para esa carretera de adictos, con los dedos que dibujan garabatos, con un céfiro que aleja hacia el oeste a mi velero…dejaré la ventana abierta…

09 enero, 2007

Henchido de no gloria

“…al subir las escaleras, primera puerta a la derecha, no hace falta que llames para entrar… cuando pude alcanzar el interruptor, la luz tenue de una bombilla de sesenta y la distancia que me separaba del fondo de la habitación disimularon la porquería que se acumulaba alrededor del oasis que pintaban un cubo de plástico, una mesa camilla sobre la que no había más que una cajetilla de tabaco y un sillón de mimbre orientado hacia la caja de fruta que servía de estante para un viejo televisor …no hace falta que se incorpore, siga durmiendo…no, no, estaba viendo las noticias…¿sin volumen?....si, claro, te lo he dicho, las estaba viendo…”

…no son más de trescientos metros de rambla. Cuatro minutos andando, un single para radiofórmulas, una cópula o conjunción. La reposición diaria de un parnaso de figurantes, una moneda al aire, dos pasos de cebra que tiñen de calma una autopista de prisas, ocho cafés, una peluquería para señoras cansadas de las tardes en el sofá; ochenta entreplantas, una pastelería carente de mostrador y escaparate, un trozo de baldosa para jugar. Un centro comercial violando a la plaza de abastos, una biblioteca sudando versos por la pared, un ministerio de orden público,…un barrio a las afueras de la ciudad…

…pero son las dos mismas trincheras a ras de suelo para conductores ebrios de cafeína, el mismo catamarán encallado en la cuneta, seguramente, desde el día que me asfaltaron el río; las mismas cajeras del gadis, la morena de ojos grandes y otras muchas, y exactamente idénticos que ayer parecen los nombres de los diarios que reparten gratis. Son estiércol para aceras las hojas caducas pudriéndose en el suelo, salidas libres de escape las carcajadas adolescentes, silencios eternos los semáforos rojos, límpidos los perfumes que se fuman las colillas en los bares…es la misma mañana, las mismas avenidas, Alfonso Molina y Madariaga, las que esta vez me quedan grandes, las que esconden bancos de ancianos orientados al norte, árboles frutales arrimados a secuoyas de arcilla, puzzles de vidrio minando la arena en la parada del bus, repartidores de dobles filas...

... un ascensor que me esconde en el decimotercero de un edificio de viviendas donde un funcionario se mata a trabajar, una anciana y su perro jugando una mano con la soledad, estudiantes firmando hipotecas de estudios, un aviador con planos de castillos en el aire, un muro cortina abierto de para en par…los advenedizos bajaban por escaleras de incendios que se ve desde mi mesa … esta vez, no tengo historias que contar, ni recuerdos que manipulo para pintar un retrato del presente, ni libros, discos de vinilo, panfletos o anuncios para coches…me quedan las pisadas de una algara al mando de la incertidumbre…me quedan las veces que lanzo el cogote al horizonte esperando a que vuelva de cara…

…y son las mismas ganas de viajar por la tangente….de no escuchar las noticias, de ponerle yo la letra a los acordes que me componen otros.

06 enero, 2007

Necrofílicos

Las puertas antipánico camuflan distancias equivalentes al trayecto entre las sábanas y la almohada en una cama de motel, entre mi pecho y mi espalda, entre un hoy y un ayer; los túneles, oscuros siempre, agudizan, al menos, dos sentidos; el barro purifica el cutis, abrillanta la piel…recuerdo atravesar un pasillo orientándome por los graves de alguna canción, un perfume embalsamando el miasma que se camuflaba tras mi careta, estrías estucadas por golosinas, un dosel cubriendo la habitación, carcajadas dulces y desmesuradas, dos poemas viajando en gabardina…los ocasos parecían un álveo para lloviznas de invierno, una madre en la inclusa, un canuto, salidas de emergencia en un incendio…

…en las que cambiaríamos dos entradas por media botella de cava, música ligera por un televisor monocolor, sudores y desfases por bailes de salón, chocolates por despertarnos con los primeros rayos de sol…los cristales se empañaban tan pronto se montaba en el coche, y en la carretera hacen guardia sólo señales triangulares…sin mantas ni estufas que helaran la brisa que corría en la trinchera; sin despertadores, cronómetros, relojes de arena…debió ser el fuego que se llevó todo con él…

…la luna fue mi esbirro para deshojar el almanaque sin hacer inventario de heridas malcuradas, para soslayar recuerdos sin alimentar mi arsenal de tiros al aire, sin luchar contra sollozos que se agazapan a la espera de que baje la guardia. Montado en un par de aquellas uvas de fábula, atravesé la niebla guiándome por las velas de neón, por las migajas de pintura blanca, por unas bielas que repiten los acordes de memoria. Dejé, tirados, en una cuneta, a mi loriga, a mi bunker para quebrantos, a mi lluvia amarilla…y así, cuando volvió a salir, el sol no encontró lágrimas que secar, espaldas que abrasar o flores que marchitar; al subir, la marea ya no halló castillos de papel para fumarse, equipaje del que apoderarse o arena en los bolsillos que llevarse; desnudo, me sumergí en el agua, contando hasta siete los balanceos del mar…impugnando el mito de la caverna, cuan necrofílico de un tiempo pretérito, bailando alrededor de una hoguera donde la tinta de mi diario se evapora, los días grises son largos como estrellas fugaces, los pétalos del calendario no arden … maniaté los dedos con seis cuerdas y respiré en un sótano sin humedad…

...sin embargo, aun todavía, en el cajón de la cómoda torácica guardaré algunas cartas sin timbrar, un par de caderas quebradas, una artesa, un circuito con arcenes de gres, una ventanilla del tren de cercanías; una palleta, dos manos soliviantando al volante, la bicicleta del Ché, una caseta. En el pañol de mi habitación conservo un reloj de cuerda, dos pares de camisas que me quedan grandes, unos gemelos, unos zapatos brillantes…sobre la mesa, los trocitos de pan son lamparones que barnizan el artesonado de madera, las servilletas partituras con nueve minutos de jazz, y los vasos graciosos espejos de feria…el musgo que engalana las calles revive andares exánimes, las piedras atezadas golpean una aldaba en mi cabeza, los vómitos de humo son balizas para navegantes y las baguettes… las baguettes, con perdón, son inmigrantes.

…escucho diecinueve, confío en saber reconocerte las manos, el timbre de voz, el pulso en tu compás de anacrusa…a mi, ya sabes dónde encontrarme…

01 enero, 2007

Lágrimas de piedra

La moderación no es mi fuerte. Quería sentarme y cruzar las piernas, una sobre otra, pero siempre se duermen; supongo que no se mirar al cielo y adivinar el tiempo, que lo peor de los Taurus -44- es el retroceso, que calado hasta los huesos la frigidez en la piel es lo último que sientes o que para el corazón cada partido es una eliminatoria a ida y vuelta…yo, asomado al abismo, pido un bolígrafo…la próxima vez no habrá próxima vez…

…dejé las calles subiéndome por las paredes y harto de ver vagar espíritus de pascua. Cambié el aire seco que te hiela los pulmones por la humedad y un salitre que ya no me consume por dentro. Se fueron las tardes de encierro, cuando era más soportable echar de menos aquí lejos que allí al lado, y arrinconados quedan todos los viernes y trece si no pisaba una estación; ahora en las gasolineras ya no sólo venden recargas de saldo para el pecho, regalices y avellanas. Me la han vuelto a jugar las ancianas raudas en la cola del súper, a acogotarme los perros de marca; he vuelto a cargar el emepetrés con cincuenta balas y combatir con pasos el frío que tenía en los pies.

…dejé las calles subiéndome por las paredes, pero después de gastar mis zapatillas contra las piedras viejas de una ciudad a donde no llegan las luces de neón ni de navidad, contra aceras donde unas piernas encorvadas pasean a un tronco gibado que a su vez sujeta a unos brazos flácidos que saludan a un espejo que pasa por la orilla de enfrente, contra días extraños en los que mi habitación daba siempre al oeste…después de ver como las caras mustias de las dependientas de Zara empañan un cuadro pintado a brocha gorda, adornado con las prisas ganadas de robarle velocidad a las neuronas, con efectos especiales…podría mentir y decir que no recuerdo los paseos agarrados, pero me revientan las yemas de los dedos contra las costuras de los bolsillos…

…cuando, de repente, llegan las luces del alba y…

…han vuelto esos cobardes a jugar con balas de verdad, a ponerse unas medias por montera y a fumarse procesos de paz; aporreando tambores preñados de pólvora, perdiendo el ritmo para que no podamos bailar, trabajando el cuanto peor mejor; son los admiradores, en serio, de dedos fríos…desde hoy vuelven a temblar las extremidades de las niñas, los despachos de universidad, las nucas desnudas y las pobres cochinas gaviotas; volverán los Ernest a cagarse en el portal, como aquella noche que las noticias se colgaron del Larguero para avisar que serían solo dos, a partir de ya, los sabios que los miércoles asomarían por la Ventana

…ha vuelto, en el mismo lugar que vio nacer a Simbad, a taparse ojos y oídos la media luna de Bagdad. Los gringos, hartos ya de rodeos, de juicios sin reses que marcar, grabaron la penúltima secuela de cómo matar a Liberty Valance, por la espalda, como sólo John Wayne sabe hacer. Y que nadie os confunda, eran yanquis, texanos encapuchados recitando versos del corán pero con la palma y dorso de las manos, ambos, más negras que el petróleo refinado…

…han vuelto los hijos de puta a matar…hace tiempo, decidí vivir eternamente en fuera de juego; ni derechas, ni centros ni izquierdas, decidí vivir por detrás…soy rojo, encarnado, bermellón, vehemente como el que más… pero limpio, me gusta que la sangre corra por las venas…hoy estamos un poquito más cerca de la paz que habrá cuando no quede nadie…

En estas fechas navideñas uno acaba cenando y escribiendo en sitios donde no siempre llega la red…este es un collage de cosas viejas y de pasados recientes…por cierto, Ernest LLuch..hablaba junto a Carrillo y Herrero de Miñón cada miercóles en la ventana de la Ser...

30 diciembre, 2006

Síndrome de Estocolmo

Mirad, os cuento…

… en los barrios más angostos de la ciudad reponen teleseries decrépitas sobre pantallas de piel, vuelan balazos contra fantasmas del pasado o de verdad, se exhiben las bolsas plásticas del opencor, atraviesan la acera unas arrugas de otoño patinadas con su intenso arrebol y un cuello de lana tan vuelto como esa vida que arropa se agarrota entre la gente; los yonquis entonan mil coplas bajo el balcón de un abismo. A punto de aplacar mi motor y encender el del coche, de batirme en duelo con la retirada, un hálito de brisa cruzó longitudinalmente el callejón para aplomarle el horizonte a las pupilas, para calentar la cabeza con calima, para despertar a la retina…vi pasar cada doblado de pantalón, a mis quinientas banderas blancas, a un par de zapatillas calzadas con pantuflas y a todos los grajos que están hartos de la misma canción…recuerdo que hubo otros días…

…el viento tira piedras contra la ventana y en ese cielo extenso como sólo mis ojos son capaces de imaginar se puede, esta noche, contar estrellas: una manzana del pecado original, una cajetilla de tabaco, dos vasos de cristal, tres medias de flores y un par de monótonos calcetines de un solo color. Esta vez vimos la lluvia de asteroides tumbados boca arriba, perdiendo la noción del tiempo y el espacio, vigilantes de si pasaba por fin nuestro cometa, esperando a que alguien bajase a secuestrarnos; convencidos de no ir a ningún punto que aparezca en los mapas, ni a donde atraquen trenes de mercancías; ni a lugares en los que un reloj se desgañita cada vez que se fugan las horas…esta vez a dónde el río va, quiero ir con él…

…era un ciclón; un tornado, un vendaval o tifón el que trató de echarme hoy de la carretera, de agarrarme, de sujetarme, de asirme a mis sabanas de rayas, las mismas que se quedaron a cuadros cuando salté de la cama; en la autopista los peajes los paga el juicio, se cuentan las distancias en millones de kilómetros cuadrados, los arcenes se disfrazan de carril de vuelta. Quizás las voces me gritan porque saben que tienen razón, pero yo sólo quería recetas, patentes contra el desamor, un refugio entre mercaderes y estafeta, una muerte sin dolor…orear, por una vez, el corazón…

…un día después, que no el siguiente, me pierdo entre alegatos meridionales, entre botellas medio llenas de vacío, entre cerebros a oscuras que presumen de luces de xenón, entre sorbetes póstumos de tabaco, entre bailes de disfraces de canalla, entre narcosis postizas; entre un bustier que o no supe, o no quiero, o no volveré a desceñir…escribo entre naranjas y no manzanas…apuesto por la impostura, rechazo imitaciones…no quiero daños colaterales, espejos quebrados, floristas carnívoros, trincheras descolladas, revólvers en la canilla, pimientos de padrón, cuentos de hadas, ruedas lisas…apuesto por un percherón…

_Dos negocios pendientes:
…reinventario…no vamos a discutir, al menos que te valga como ensayo…como maqueta antes de hablar de Don Álvaro…que hablaremos…
…corrígeme eso…y lo cuelgo…de veras…

_Un mensaje para ahorrarme sms el domingo y por si no exhibo lo que escribo:
…por fin otro año impar; los de nieves para los tip@s convexos y no cóncavos, como tú y como yo…prosperidad, calor y un abrigo para el frío… !

24 diciembre, 2006

No pudo ser

dadle al play para leer esto, poned música y esperad a que suenen las guitarras

…yo quería…

…un soplo de aire fresco cuando todavía me superaba el equipaje, cuando no era capaz de doblar la esquina sin echar la vista atrás; un agarrarse a extraños que conozco desde siempre, un volver a reír en el lugar dónde nunca fui feliz, un quinqué para aquel apagón de la mente; un suéter de verticales líneas blancas, rojas, negras, a las tantas. Los comas emocionales, las necesidades de verte, se combaten con balazos de pólvora mojada, con cafés de las doce, y las puñaladas traperas se curan con agua oxigenada, con recuerdos elaborados a base de retales, con excesos…sin pensarlo dos veces, alejándome cuesta abajo por el lado oscuro del camino, como bob nalyd; cuando un adiós era miedo, estremecerse, vértigo, yo quería respirar aire fresco…pero he decidido empezar a soplarle al viento…

…de súbito…

…acampamos en las barras de los bares, dónde las estrellas son grageas que aportan una vitamina valiente. De ayer no recuerdo ni una sola canción, ni un solo tema del mejor grupo de rock de la historia, me olvidé de bajar todo lo que no merecía la pena, a la segunda planta del antro, así que hoy, aun suenan las voces que, de vez en cuando, hacen la mudanza de mis lastres. Al abrigo de unas risas, mi lengua se descongela cuan dos peces de hielo en Triana, me sobra la camisa, me invaden las ganas de repasar mi alegato sentimental, me acuerdo del entierro gitano…Aquellas flores que envié por correo, con las que remendé mi disfraz de chiflado, sólo tenían un futuro marchito en mis deshidratadas entrañas; decidí escribir en el paquete la única dirección que sabía de memoria…yo sólo me dejé llevar por el viento…

…esta vez…

…ya no hay quien me devuelva lo que un día no supe y ahora se; se hizo tarde, encuentro billetes de mil duros debajo de las piedras, entradas para un concierto de ayer, una slam si aterrizo en un piso dieciséis; resuelvo encargos de cálculos de posibilidades. Pero siempre fui experto en igualar mis ecuaciones a cero, en pulir suelos para luego resbalarme, en contar chistes en serio, en llegar tarde a la parada del autobús y ver sus besos mirándome a través de los cristales. Un fantoche al que le tiemblan las venas cuando se enfrenta a solas con la noche, un descarado al que lo come la vergüenza, un fakir, un estereotipo de la tierra dónde broté, un idiota enrocado en su pose de poeta…mis ojos bífidos son los de un ciego que no quiere ver, un accidente, un martillo pilón…apuesto siempre por el de enfrente…


…y no es la situación, es la risa loca –extraordinaria la exactitud de la letra-…la humedad en mis orejas, vivir cambiando a doble embrague, una piedra lisa y blanda como la carne del vientre, la densidad de la sangre que me corría por las venas, dos aceitunas brillando aceite, un corazón quemando energía renovable, una guardería…de tal manera, le prometí al hombre imperfecto conservar intactos estos acordes, y me matan por dentro…


Eric Clapton invitó a Bob Dylan a uno de sus conciertos sabiendo ya de antemano que acabaría él por ser el invitado. Tocaron ““Don´t Think Twice, It's All Right”, para dejar las cosas claras desde el principio…Bob es educado, sale al escenario como con cierto desanimo, con despiste, pero con una clase que no se vende ni se compra en ningún sitio…activé la opción de repetir y escribí mientras escuchaba constantemente este tema…no traduzcáis mal, dice algo así como que no pudo ser, no pudo ser…y no me hagáis antidoping...

22 diciembre, 2006

Soliloquio del farero

“…Y por último estaba el loco Leopoldo María, un Rigoletto vestido como los Pagliacci que en su afán de vendetta crepuscular soltaba durante sus presencias en El desencanto navajazos a las entrañas del aire buscando herir de muerte fantasmas borrachos”…mañana toca cena; pero no tengo recetas para mis tapas de arte contemporáneo

…de turistas a cincuenta metros de altura, sobre el cabo del mundo, se muere la ciudad a la velocidad del viento, el mar –esta vez- tiene pinta de película de intriga y me pareció que las gaviotas mataban por ser albatros; tuve que comprarme otros zapatos nuevos, de igual marca, mismo modelo, pero para calles empedradas. Marx y Engels vendían su manifiesto a trescincuenta en una tienda de reliquias inútiles, de videos beta, de manchas de aceite, de quevedos para ciegos, de paraguas con goteras…y calle arriba una franquicia de la iglesia…te cruzaste conmigo cuando enmarañaba las baldas por orden alfabético; aquel pasillo de setenta parecía un paraíso para el perfume que destilaba el vaho de tus manos, y todavía se escapan susurros por las grietas de mi voz entrecortada…

…a las dos, un jarro dorado de agua fría entró por la ventana y me atravesó los párpados. En mi cabeza retumban los riffs de unas hélices, aún después dan vueltas los niños en la noria. A los pies de la cama, los guantes de los míos jugando a las canicas, cuatro zapatillas henchidas con estrellas, un pantalón orlado con retazos de cicatrices, una pollera, y supongo que también habrá camisas; el suelo, lacado con pavesas de la hoguera que prendimos cuando estrechamos los ojos por primera vez, la que alimentamos con careos a dos velas. Sobre la cómoda permanece abierto el cajón desastre, la caja de pandora. La televisión, igual de aburrida que ayer, y en la radio futura recuentan las noticias, como cada hora; avisan, advierten, así que me dedico a no tocarte, a contarte los lunares de la espalda, dibujo un plano del deseo; es mejor así, dicen Juan y el perro…

…la conocí computando despojos en los estantes de un bar de saldos, el que todavía vive en la Real pero que cerrarán por hinchazón del huevo de Colón. Con las pupilas tan del color de su cabellera marchaba abriendo el aire y los cuerpos, y yo, que rescataba una antología de Cernuda, escuché a Céfiro para que mis disecadas venas empezaran a destilar sangre gota a gota. Creo que estuvimos fumando hash toda la noche…pero soy una muesca más en el revólver, un roto para un descosido, ni gloria ni pena, un medio centro defensivo. Me levanté, lavé la cara y purgué de legañas mi corazón…

…mañana –o la próxima vez.-, juro, escribiré algo, no haré croquetas…pondré la tele sólo para ver cifras y letras…

Tres cosas:
...hoy sólo escribo porque me los habéis puesto en carne viva, ya sabéis quien. Gracias...
...Nacho, te robé la foto directamente…sin permiso…creo que fue antes tu dibujo que mi texto...

...te dije que aprovecharía cualquier excusa para poner esos ripios...
...para el octavo sentido; no busques, aqui hay mucha fantasía...


18 diciembre, 2006

Capitán de provincia

“Quiero libros sin escuelas y sin clasificar, como la vida”…recupero, poco a poco, los andares bípedos, la posición vertical del cuerpo, el ángulo recto…y repaso mi testamento de emociones, avergonzado, con la sensación de parir libros sin escuela, sin clasificar y sin nada que valga la pena…pero como tengo el sueño de escribir, algún día, treinta líneas buenas, seguiré haciendo el ridículo, de vez en cuando… de tal manera, os confieso que he vivido, con fecha de caducidad, pero he vivido…

…bajo una techumbre revocada con estrellas de humedad hemos vuelto a pasear, yo y el caballo. Todavía me arroba el perfume a tabaco que desprenden las yemas de mis dedos y me amodorro prendido de cuatro pinzas del pelo; recojo las plumas de un austero y pingüe jergón de noventa metros encuadrados, bruño la madera travertina del suelo…harto ya de ser paraguas me disfracé de sombrilla y, de repente, en las esquinas de mi habitación, tras una niebla de alka-setzer, se vislumbran las camisetas de diario, unas flamantes botas viejas y todas las hipotecas que firmé en trocitos de papel mojado…al abrigo de un eterno traje gris emergen fotografías empeñadas en tapar las marcas que el tiempo y el desamor pintaron en el corcho donde almaceno la memoria, desaparecen los seísmos de madrugada, se marchita el nenúfar que habitaba debajo de mi cama; conservo en mis manos una pátina aterciopelada para el día que arranque con vehemencia las hojas del dietario…y me invaden los escalofríos al tener que echar la vista atrás; al tener que recordar lo exiguo, lo acotado…

…con el sol en suspensión de pagos, pisamos, otra vez, nosotros también, el cielo de Madrid. Pero ya no viajo sobre esos dos asientos en los que esbozamos un particular mapamundi de provincia, donde izábamos velas, donde convertimos una hacienda encarcelada en terminal para nuestro avión de tierra, donde todas las islas son desiertas. Cambié el calor artificial por una manta de flores, la calle princesa por la M-30 –allí, como aquí, entierran las circunvalaciones que asfixian al corazón-, las cabezadas por siestas mientras cruzo la frontera; ahora viajo sin almohada. Estuvimos en la capital perpetuándonos en círculos concéntricos, resumiendo con los ojos cienes de palabras, respirando aliento…suturé hemorragias internas agavillándome sobre la mesa de una puerta de emergencia, pegado al teléfono que nos mata de la risa, entre capa y espada cuando apretaba el frío, …

confieso que he vivido, un sucedáneo, pero lo he vivido. Seguí los trocitos de pan duro derramados en aquel camino, el que memoricé cuando los latidos no me dejaban más que soñar despierto; repasé recuerdos incólumes; enhebré sentimientos para coser a saber que…ahora sólo escucho las Nostalgias, la Paloma cada ocho horas, tres veces al día y no trescientas…diez minutos, confieso que he vivido diez minutos de los quince a los que tenía derecho…y ante las acusaciones –con cariño- de falsificar mis ripios, de abusar del tilde, de gambetear, de manipular, de predicar sin el ejemplo; mi letrado -yo mismo- sube el volumen de los susurros de Andrelo…a veces creo que soy yo quien le inspira las letras…


…problemas técnicos impidieron la publicación de estas lineas en el horario habitual de las tantas…